LA MEDIUMNIDAD



La actividad mediúmnica ocupó siempre la atención del ser humano en todas las épocas de la humanidad.

Las personas que se opusieron a su práctica y también a su estudio, condenaron a todo aquel que incursionase en el fenómeno mediúmnico.

Las personas que, aún con los impedimentos impuestos, insistieron en conocer de que se trataban dichos fenómenos, pudieron observar que existía la posibilidad de intercambio entre lo que se llamó el plano material y el plano espiritual. Además, encontraron evidencias que permitieron pensar cómo es que la vida continúa después de la desencarnación y comprender para que venimos a este mundo.

En ambos casos, la noción de que la vida continúa después de la desencarnación está presente, y que es posible comunicarse con aquellas personas que ya habían regresado al mundo espiritual.

Pero como toda actividad, que se desee realizar con responsabilidad, exige entender claramente que se va a hacer, como se debe hacer, como uno debe estar preparado, con que se estará trabajando, cuales son los posibles problemas que pueden surgir y como evitarlos, en fin, todo aquello que permita realizar el trabajo de modo constructivo y sin perjuicio para uno mismo ni para terceros.

Sin embargo la actividad mediúmnica tiene algo muy complejo, porque estaremos trabajando con personas en una situación a la que nosotros nos hemos desacostumbrado. Además estas personas desencarnadas pueden estar en distintas condiciones emocionales. Encontraremos a quienes tienen una clara comprensión de su situación espiritual y están realizando diversas actividades. Pero también encontraremos a quienes no tienen la más mínima idea de que les está pasando.


El trabajo mediúmnico realizado con prudencia requiere para empezar tener conciencia de la propia existencia, reconocerse como un ser espiritual trabajando por el propio crecimiento espiritual y entender que nuestra vida continúa después que el cuerpo orgánico cesa en su actividad.

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